Jesús M. Peña Fdez.

La famosa Ley de Murphy dice que “Nunca nada es tan malo que no pueda empeorar”. Y es que México está a un mes de volver a poner a prueba este dicho.

Los millennials podrán decir que Vicente Fox fue una decepción, que Felipe Calderón fue atroz y que Enrique Peña es la cúspide de la corrupción. Para aquéllos con más años, remontarse a Zedillo, Salinas, de la Madrid, Echeverría o Díaz Ordaz es hablar del oscurantismo.

Lo cierto es que la falta de memoria y de historia, combinada con pasión y falta de identidad, así como ese toque de “hacerlo a la mexicana” es lo que nos lleva a tratar de reinventar al país cada seis años, sin darnos cuenta que son los mismos de siempre. Pero esta situación puede ser peor.

A un mes de asumir el Poder Ejecutivo, Andrés Manuel López Obrador ha hecho una consulta que no necesitábamos, pero que para él era necesaria y urgente, no por el aeropuerto, sino por su futuro político.
Son varios los puntos que este tema nos arroja:

1.- Imagine usted que es dueño de una compañía y debe reestructurar la empresa que está en riesgo de ir a la quiebra. Tiene dos opciones: despedir al personal para contratar nuevos elementos o continuar con los que hay pero capacitarlos. Pero esa decisión no la va a tomar usted, sino que le va a pedir a los empleados y al público en general que vote.

La decisión ya está tomada y despedirá al personal porque eso es lo que le conviene, pero lo importante es quitarse el peso de la decisión y la mala imagen, por eso la votación pública y sus resultados amañados. Claro, sus empleados votarán en contra, pero la gente desempleada votará por despedirlos y así generar nuevas fuentes de trabajo.

Así fue la encuesta del nuevo aeropuerto. No se trató más que de un nuevo modelo de hacer negocios en el país. El próximo gobierno utilizará las necesidades, el rencor político y la pasión del antagonismo para buscar sus negocios con el apoyo de la gente. Pero hay más.

2.- Hay que mantener la polarización. Justo cuando ya empezábamos a superar el divisionismo profundo que marcó la jornada electoral de julio pasado, surge esta encuesta que vuelve a confrontar a la gente.

El objetivo, tal parece, es no dejar que los mexicanos olviden la lucha contra “la mafia del poder”, contra la corrupción y, sobre todo, el apoyo absoluto para el líder López Obrador. Se trata, en este caso, de no razonar, de no buscar propuestas, sino de rechazar lo que no conviene al nuevo gobierno.

Esta estrategia ya se ha utilizado en diferentes países a lo largo de la historia. Se trata de un nacionalismo mal interpretado que ha derivado en gobiernos cuestionados con el paso del tiempo, pero que han sabido explotar esa fibra sensible.

Sólo en el último siglo lo hicieron Hitler, Mussolinni y Franco en Europa. Los Castro en Cuba, Evo Morales en Bolivia, Chávez y Maduro en Venezuela son ejemplos modernos en América Latina que cayeron en esta trampa, además de otros más y que ha derivado en crisis que obligan a sus ciudadanos a salir masivamente de sus países (tema que abordaremos en otra columna).

3.- Tirar la piedra y esconder la mano. Un punto clave de la consulta ciudadana es que López Obrador votó en blanco, según él para no influir en la decisión de la gente. Esto es absurdo por dos razones concretas: en primer lugar, su campaña presidencial tuvo entre sus ejes el eliminar el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de Ciudad de México (NAICM); en segundo lugar, porque deliberadamente trata de exculparse de toda consecuencia al argumentar que quien decide es el pueblo.

4.- Sin legalidad, ni representación. ¿Las consultas ciudadanas son buenas? Claro, pero deben ser legales para fortalecer la democracia. En varios países se llevan a cabo y se abordan temas muy importantes, un ejemplo claro es el Brexit (la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, que se concretará en 2019).
Una consulta o referédum o plebiscito necesitan de reglas claras y la participación de la mayoría para ser válido. Lo NAICM fue una burla.

*En primer lugar, porque no se tiene transparencia del uso de recursos para llevarla a cabo, pues se dijo que diputados y senadores del Morena cubrirían los gastos, pero los líderes de ambas cámaras dijeron que no sería así, aunque después se dijo que las aportaciones serían voluntarias y luego ese dato simplemente quedó en el aire.

*En segundo lugar, porque las casillas y su cómputo no estuvo a cargo de una autoridad, que debería ser el Instituto Nacional Electoral, ni en el conteo participaron los ciudadanos como se hace en cualquier elección, por lo que los resultados no son confiables.

*En tercer lugar, la cantidad de irregularidades que se presentaron, pues mucha gente informó a través de redes sociales que se podía votar más de una vez, incluso presumían la cantidad de boletas y la ubicación de las mesas receptoras de voto a las que acudieron.

*En cuarto lugar, apenas hubo más de un millón de votos (muchos de ellos de personas que votaron varias veces). Si tomamos en cuenta que en las pasadas elecciones sufragaron más de 60 millones de mexicanos, hablamos que apenas 1 de cada 60 salió a apoyar y validar la consulta; esta cifra empeora si la comparamos con el padrón electoral del INE, que reporta un listado de casi 90 millones, es decir que sólo validaron la encuesta 1 de cada 90 mexicanos; y en global, la decisión de cancelar un proyecto multimillonario la tomó 1 de cada 120 mexicanos (ya que en este país vivimos cerca de 120 millones de personas). ¿Que no se supone que en la democracia la mayoría manda?

*Y en quinto lugar, es que hoy no hay certeza para comprobar los resultados. ¿Dónde queda el famoso “voto por voto, casilla por casilla”?

5.- El aeropuerto no importa; la reelección, sí. El banco suizo UBS (en una nota firmada por Expansión, en alianza con CNN) fue el primero en advertir a la comunidad internacional que la consulta de López Obrador es una advertencia sobre el riesgo que significa extender su mandato más allá del periodo constitucional.

El comunicado cita: “Vemos la posibilidad de que el referéndum público sea aprobado como una forma constitucionalmente válida de hacer cumplir cambios en el futuro incluyendo la posibilidad de extender los seis años presidenciales de mandato y el uso de reservas del banco central, con lo que también podrían estar sujetos a la elección la gente”. (https://expansion.mx/nacional/2018/10/29/banco-suizo-advierte-riesgos-de-que-amlo-planee-extender-su-mandato)

Si bien es cierto que sólo el tiempo nos dirá hasta donde llegaremos, el inicio no es muy alentador, especialmente cuando a unas horas de anunciarse los resultados que sepultan el aeropuerto de Texcoco el peso cayó de 19.35 a 20.30 para cerrar en 20.05 pesos por dólar -una pérdida de 70 centavos- y la Bolsa Mexicana de Valores se desplomó 4.2%, situación que México no vivía desde que Donald Trump ganó las elecciones en Estados Unidos.

Además, los bonos emitidos para financiar parte del NAICM alcanzaron sus máximos históricos, las calificadoras de riesgo internacionales bajaron sus notas y los empresarios del país marcaron por primera vez su distancia con López Obrador desde que es presidente electo.

Se puede jugar a la democracia, pero no ser demócrata. Se puede jugar con la ley, pero no ser legal. Se puede jugar con el pueblo y el pueblo no darse cuenta. Y se puede estar mal, pero nunca tanto como para no empeorar… y eso que aún falta un mes para el cambio de gobierno.